El perdón que libera

Sanar heridas, soltar el pasado y recuperar tu paz interior

Hay palabras que pronunciamos casi sin pensar y otras que pueden mover algo muy profundo dentro de nosotros. Perdón es una de ellas.

Para mí, es una palabra clave en nuestra vida. Pero su fuerza no está únicamente en decirla. Está en cómo la vibramos dentro de nosotros, en el significado que le hemos dado y en aquello que sentimos cuando la pronunciamos, cuando la escuchamos o incluso cuando esperamos recibirla.

Antes de hablar de cómo perdonar, quiero invitarte a hacerte una pregunta: ¿qué significa para ti la palabra perdón?

Quizá para descubrirlo tengas que regresar por un momento a tu infancia. ¿Cómo se vivía el perdón en tu casa? ¿Te enseñaron a pedir perdón? ¿Te obligaban a decirlo aunque todavía estuvieras enfadado? ¿Tus padres se pedían perdón entre ellos? ¿Alguna vez un adulto reconoció que se había equivocado contigo? ¿Se hablaba de lo ocurrido o simplemente se guardaba silencio y al día siguiente todo continuaba como si nada hubiera pasado?

Tal vez aprendiste que pedir perdón era una muestra de debilidad. Quizá aprendiste a decirlo rápidamente para evitar un conflicto. Puede que crecieras escuchando “perdona y olvida”, o puede que en tu familia esa palabra prácticamente no existiera.

Da igual cómo la aprendiste. No se trata de juzgar a nuestros padres, nuestra familia ni a la persona que fuimos. Se trata de comprender qué significado quedó grabado en nosotros, porque aquello que aprendimos sobre el perdón puede acompañarnos después en nuestras relaciones.

Si aprendí que pedir perdón significa perder, quizá me cueste reconocer un error. Si aprendí a decir “perdón” para que los demás dejaran de enfadarse conmigo, quizá hoy lo diga constantemente aunque no haya hecho nada malo. Si nunca escuché a las personas que amaba pedirse perdón, quizá hoy no sepa cómo hacerlo. Y si durante años esperé unas disculpas que nunca llegaron, puede que haya terminado asociando el perdón con dolor, injusticia o abandono.

Por eso, cuando hablo de vibrar el perdón, no estoy hablando solamente de pronunciar una palabra. Hablo de observar qué sucede dentro de ti cuando la dices.

Puedes cerrar los ojos durante unos segundos y pronunciar:

PERDÓN.

Escucha. No solamente con los oídos. Escucha con el cuerpo y con el corazón. ¿Qué aparece? ¿Paz? ¿Resistencia? ¿Rabia? ¿Tristeza? ¿Culpa? ¿Liberación?

No hay una respuesta correcta. Tu respuesta habla de tu historia.

Y ahí puede comenzar un trabajo muy profundo, porque llegará un momento en el que ya no será tan importante cómo te enseñaron a vivir el perdón. Lo importante será cómo eliges vivirlo tú ahora.

Da igual cómo aprendiste el perdón. Lo importante es descubrir cómo eliges vibrarlo hoy.

Sanar heridas de la infancia a través del perdón


¿Qué significa realmente perdonar?

Desde una mirada espiritual, el perdón puede entenderse como una decisión consciente de comenzar a soltar el rencor, la ira, la culpa o la amargura que todavía nos mantienen unidos a una experiencia del pasado.

Y digo comenzar porque perdonar no siempre sucede de repente. Puedes decidir que quieres perdonar y descubrir que todavía existe dolor. Puedes pensar que ya has perdonado y encontrarte, meses después, con una emoción que vuelve. Eso no significa que hayas fracasado. Algunas heridas necesitan ser miradas más de una vez.

En mis sesiones y en mis cursos trabajo mucho el perdón precisamente por esto: detrás de muchos bloqueos encontramos historias que siguen abiertas dentro de nosotros.

Pero hay algo que considero fundamental: perdonar no es justificar.

No significa decir que estuvo bien aquello que estuvo mal. No significa olvidar. No significa regresar. Tampoco significa permitir nuevamente en tu vida a alguien que no respeta tus límites.

Puedes perdonar y mantener distancia. También puedes decir “no” o decidir que una relación ha terminado. Perdonar no significa renunciar a tus límites.

El objetivo es recuperarte a ti.

Perdonar es tu propia liberación

A veces creemos que mientras no perdonemos estamos castigando a quien nos hizo daño. Pero pregúntate algo: ¿quién lleva cada día el peso del resentimiento?

La otra persona puede estar viviendo su vida mientras tú continúas reproduciendo aquella conversación, recordando lo ocurrido, pensando qué deberías haber dicho o esperando unas palabras que quizá nunca lleguen.

El acontecimiento terminó, pero dentro de nosotros la conversación continúa. Cada vez que regresamos mentalmente a ella podemos volver a sentir rabia, tristeza, impotencia, culpa o miedo.

Desde mi manera de comprender la espiritualidad, esos pensamientos repetitivos pueden mantenernos conectados con una vibración baja o una energía densa. En algunas corrientes espirituales también se utiliza el concepto de egregor para hablar de pensamientos y emociones que adquieren fuerza cuando los alimentamos repetidamente.

Más allá de cómo cada persona interprete estos conceptos espirituales, hay algo que podemos observar: aquello a lo que entregamos constantemente nuestra atención termina ocupando espacio en nuestro presente.

Perdonar puede comenzar cuando somos capaces de decir:

“Esto ocurrió. Me dolió. Forma parte de mi historia, pero ya no quiero que siga dirigiendo mi vida.”

No estás liberando a quien te hirió de la responsabilidad de sus actos. Te estás liberando tú de seguir viviendo atado a ellos.

El perdón como liberación emocional y forma de soltar el pasado


El perdón también se escucha con el corazón

Hay algo que explico mucho en mis cursos y sesiones: el perdón no siempre se pronuncia con palabras.

Estamos acostumbrados a esperar un “perdóname”. Necesitamos escuchar esa palabra porque sentimos que entonces la otra persona habrá reconocido nuestro dolor. Pero no todo el mundo sabe pedir perdón.

Hay personas que no encuentran las palabras. Otras no saben expresar sus emociones. Algunas quizá nunca podrán decir aquello que llevamos años esperando escuchar.

Y, sin embargo, a veces el perdón se puede ver. Puede estar en una mirada diferente, en un gesto, en una forma nueva de acercarse, en un silencio o en una actitud que antes no existía.

Por eso enseño a las personas que acompaño a escuchar también con el corazón. Desde mi visión espiritual, podemos percibir aquello que una persona intenta transmitir incluso cuando no consigue pronunciarlo.

Pero escuchar con el corazón no significa cerrar los ojos ante la realidad. Los actos también hablan.

Hay personas que dicen “perdóname” y continúan comportándose exactamente de la misma manera. Y hay otras que quizá nunca consiguen pronunciar esa palabra, pero comienzan a demostrar con sus actos que algo dentro de ellas ha cambiado.

Sentir con el corazón y mantener nuestros límites pueden caminar juntos.

¿Y si el perdón que esperas nunca llega?

¿Qué ocurre cuando necesitamos que alguien nos pida perdón y esa persona no lo hace? ¿Y si ya no está en nuestra vida? ¿Y si ha fallecido? ¿Y si nunca reconoce lo sucedido?

Si hacemos depender nuestra paz exclusivamente de que otra persona pronuncie las palabras que necesitamos escuchar, seguimos entregándole una parte de nuestro poder.

El camino del perdón interior comienza cuando comprendemos que nuestra liberación no tiene por qué depender de la transformación del otro.

Puedes comenzar a sanar aunque el otro no haya cambiado. Puedes cerrar una conversación dentro de ti aunque nunca puedas tenerla fuera. Puedes decidir comenzar a soltar aunque jamás escuches “perdóname”.

Eso no cambia lo ocurrido.

Cambia el lugar que lo ocurrido ocupa hoy dentro de ti.

Ho’oponopono y perdón

Una de las herramientas que utilizo habitualmente en mis sesiones y que enseño también a mis alumnos es el Ho’oponopono.

El Ho’oponopono tiene sus raíces en la cultura hawaiana y tradicionalmente está relacionado con poner las cosas en orden, reconocer aquello que ha sucedido, resolver conflictos y favorecer la reconciliación y el perdón. Con el tiempo han aparecido diferentes interpretaciones y prácticas contemporáneas.

En mi trabajo lo utilizo como una herramienta espiritual de introspección y liberación emocional.

Pero hay algo que considero muy importante: no quiero que una persona simplemente memorice unas palabras y las repita mecánicamente.

Cuando explico esta práctica a mis alumnos les digo que encuentren sus propias palabras, aquellas que realmente puedan sentir. Para mí, la intención es que esas palabras nos ayuden a elevar nuestro estado de conciencia y dirigir nuestra atención hacia el amor, el perdón y la gratitud.

Mis cuatro palabras para trabajar el perdón:

Me quiero · Me perdono · Perdono · Gracias

Me quiero. Antes de intentar liberar lo que sentimos hacia otra persona, volvemos a nosotros mismos. Quererte también significa protegerte, escucharte y poner límites. Significa dejar de abandonarte para conseguir la aprobación de los demás.

Me perdono. Muchas veces no estamos enfadados únicamente con los demás. También lo estamos con nosotros mismos: “¿Por qué lo permití?”, “¿por qué no me fui antes?”, “¿cómo no me di cuenta?”. Nos convertimos en jueces de la persona que fuimos utilizando la conciencia que tenemos hoy. Me perdono por aquello que no sabía y por las decisiones que tomé desde el miedo. También abrazo a esa versión de mí que quizá se abandonó para poder continuar. Hoy puedo mirar atrás con la conciencia y las herramientas que entonces no tenía.

Perdono. No significa pensar que todo estuvo bien. Puede significar simplemente: “Ya no quiero continuar cargando esto.” No necesitas reconciliarte ni obligarte a sentir algo que todavía no sientes. Puedes comenzar diciendo: “Hoy elijo comenzar a soltar”.

Gracias. No porque tengamos que agradecer que nos hayan hecho daño. No necesitamos romantizar el sufrimiento. Agradecemos poder ver, comprender y elegir algo diferente. Agradecemos a la persona que somos hoy por haber llegado hasta aquí.

Me quiero. Me perdono. Perdono. Gracias.

No como palabras mágicas. Como una intención consciente.

Estas son las palabras que yo utilizo, pero tú puedes encontrar las tuyas. Lo esencial no es repetir exactamente mi fórmula. Lo esencial es qué sentido tienen esas palabras dentro de ti y cómo las vibras cuando las pronuncias.

Me quiero me perdono perdono gracias práctica de Ho’oponopono


Una práctica de perdón para volver a ella cuando lo necesites

Busca un lugar tranquilo y respira lentamente varias veces. Piensa en una persona, una situación o incluso una versión de ti mismo que todavía te produzca malestar.

No empieces intentando perdonar. Primero pregúntate:

¿Qué siento cuando recuerdo esto?

No juzgues la respuesta. Puede aparecer rabia, tristeza, miedo, culpa, decepción o incluso varias emociones a la vez.

Déjalas estar durante unos instantes.

Después, si te ayuda, coloca una mano sobre el pecho y repite lentamente:

Me quiero.

Respira.

Me perdono.

Respira.

Perdono.

Respira.

Gracias.

Observa qué ocurre dentro de ti con cada palabra. Y si alguna todavía no puedes pronunciarla desde el corazón, no la fuerces.

Quizá hoy solo puedas decir:

Me quiero.

Y eso también es comenzar.

Mañana puede ser diferente.

Hojas de otoño: aprender a soltar

Hay una expresión utilizada en algunas prácticas contemporáneas relacionadas con Ho’oponopono que me gusta especialmente para este momento del año:

Hojas de Otoño.

Más allá de la interpretación espiritual que cada persona quiera darle, la imagen contiene para mí un mensaje precioso.

Mira un árbol en otoño.

No corre detrás de cada hoja que cae. No intenta pegarla otra vez a sus ramas. No interpreta cada caída como un fracaso.

Simplemente llega un momento en el que suelta.

Y quizá nosotros podamos aprender algo de ello.

Hay recuerdos que forman parte de nuestra historia, pero no tienen por qué ocupar permanentemente nuestro presente. Hay relaciones que nos enseñaron algo y terminaron. Hay versiones antiguas de nosotros mismos que hicieron lo que pudieron. Hay culpas que ya han cumplido su función. Hay conversaciones que quizá nunca tendrán el final que imaginábamos.

Pregúntate:

¿Qué sigo sujetando que ya está preparado para caer?

Puedes escribirlo en una hoja de papel: una persona, una culpa, una frase, una situación, un miedo o aquello que aparezca.

Después lee lo que has escrito y vuelve a tus palabras:

Me quiero. Me perdono. Perdono. Gracias.

Y termina diciendo:

“No necesito olvidar lo ocurrido para dejar de llevarlo conmigo.”

Guarda esta práctica y vuelve a ella cuando la necesites, porque hay cosas que no soltamos una única vez. A veces tenemos que elegir liberarlas muchas veces hasta que un día descubrimos que ya no pesan igual.

Hojas de otoño como símbolo de perdonar y aprender a soltar


Cuando perdonar cuesta: no tienes que hacerlo solo

Hay heridas que podemos comenzar a trabajar por nosotros mismos y otras que, cuando intentamos acercarnos a ellas, nos llevan una y otra vez al mismo lugar.

En Medium Mage acompaño a personas que sienten que hay situaciones del pasado, relaciones, culpas o emociones que todavía siguen teniendo demasiado peso en su presente.

En mis sesiones no trabajo el perdón como una obligación. No se trata de decirte que tienes que perdonar a alguien ni de hacer desaparecer lo que sientes. Primero necesitamos comprender qué hay detrás de esa herida, qué sigue activándose dentro de ti y qué necesitas para comenzar a liberarlo.

Durante las sesiones podemos trabajar el autoperdón, los vínculos familiares, las heridas emocionales, los patrones que repetimos y aquello que todavía nos cuesta soltar. También incorporo diferentes herramientas a mi trabajo, entre ellas el Ho’oponopono, adaptándolas siempre a cada persona y a su propio proceso.

Porque hay momentos en los que no necesitamos que alguien nos diga simplemente:

“Tienes que perdonar.”

Necesitamos un espacio donde poder comprender por qué todavía duele.

Y desde ahí empezar a soltar.


Sobre Medium Mage

En Medium Mage acompaño a personas que desean comprender y liberar heridas emocionales, patrones y situaciones del pasado que todavía siguen influyendo en su presente.

En mis sesiones creo un espacio de acompañamiento individual en el que utilizamos diferentes herramientas adaptadas a cada persona y al momento que está viviendo.

Porque sanar no significa olvidar nuestra historia.

Significa aprender a relacionarnos con ella de otra manera.

¿Sientes que hay algo que todavía necesitas soltar?

Si este artículo ha despertado en ti una emoción, un recuerdo o una situación que sigue necesitando atención, podemos trabajarla en una sesión.

No tienes que obligarte a perdonar. Podemos empezar por comprender qué es lo que todavía duele.

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El perdón que verdaderamente libera

Quizá después de leer todo esto todavía haya alguien a quien no puedas perdonar.

No conviertas entonces el perdón en una nueva forma de castigarte.

Empieza por escucharte.

¿Qué parte de aquella historia continúa viva dentro de ti? ¿Qué sigues esperando? ¿Qué conversación continúa repitiéndose? ¿Qué necesitarías darte tú que llevas años esperando recibir de otra persona?

El perdón profundo no siempre comienza diciendo “te perdono”.

A veces comienza diciendo:

“Ya no quiero seguir viviendo atado a esto.”

Para mí, sanar no significa borrar nuestra historia. Significa poder mirarla de otra manera, integrarla y permitir que deje de tener el mismo poder sobre nuestro presente.

Quizá por eso el otoño puede recordarnos algo tan importante.

El árbol sigue siendo árbol cuando pierde sus hojas. No pierde su esencia. Se prepara para una nueva etapa.

Tú tampoco pierdes una parte de ti cuando sueltas aquello que ya no necesitas cargar.

Quizá ocurre justamente lo contrario.

Regresas a ti.

Quiero dejarte una última pregunta. No necesitas responderla rápidamente. Escúchala con el corazón:

¿Qué sigo cargando hoy que ya no necesito llevar conmigo para recordar lo que aprendí?

Cuando estés preparado, respira y vuelve a tus palabras:

Me quiero. Me perdono. Perdono. Gracias.

Y recuerda:

Da igual cómo aprendiste el perdón. Lo importante es cómo eliges vibrarlo, ofrecerlo y recibirlo hoy.

Porque el perdón no cambia lo que ocurrió.

El perdón puede cambiar lo que haces dentro de ti con aquello que ocurrió.

Y, a veces, tu propia liberación comienza ahí.


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